lunes, 19 de enero de 2026

EL SUJETO DE LA GLOBALIDAD

El sujeto de nuestra época fue educado para vivir un ensayo individualista, en eterna competencia, en la satisfacción impostergable e inmediata, de corto plazo, convirtiendo su alrededor en un proveedor de la utilería necesaria -otro sujeto, animal, vegetal, mineral, etc.- para cumplir su gran plan que le dará el placer etéreo del reconocimiento de ser y pertenecer, hasta convertirse en un parásito de la globalidad que lo abrazará justo cuando se ha olvidado de sí mismo.

Su intolerancia al derecho del otro y su permanente exigencia de obtener el máximo producto con el menor esfuerzo tensa los espacios donde se desenvuelve, todo ello sin el menor recato y tan siquiera una pequeña muestra de pudor que lo detenga, cuando sin filtros decide hacerse de esto o aquello, haciendo gala de su poder sobre el otro al que obliga al vasallaje.

Sujetos de estos pagan su membresía todos los días al grupo de los resentidos, incapaces del olvido, dando paso a sus constantes actitudes de venganza que abren nuevos ciclos de violencia en las nacientes generaciones, con sus propias características reactivas, que servirán para detener el progreso desde el mismo agresso.

Creer que todo está bien y que el mundo tendrá la capacidad homeostática de digerir su presencia con todo lo que ello implica, lo acerca a una especie de psicosis sea por descentración, por exaltación o por puerilidad, en una especie de ingenua inconsciencia, porque no es capaz de leer señales, de convertirlas en indicadores y luego en signos, diagnosticar una situación dada y asumir las respuestas responsables, dimensionando los posibles daños para luego limitarlos de inmediato.

Pensar que en la relación con los demás tienen más derechos que obligaciones los hace verdaderamente patanes; ellas y ellos, adultos infantilizados, siguen exigiendo a su mundo todo aquello que no aportan, manteniéndose lejos de la armonía, el respeto, la empatía y la reciprocidad. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario