lunes, 26 de enero de 2026

LA PERSPECTIVA PSICÓTICA

Forjar una diferente perspectiva psicoterapéutica para comprender la crisis de valores y el impacto en la misma sociedad, implica una exhaustiva revisión de las teorías psicológicas de la neurosis, pues la obsolescencia las ha alcanzado en detrimento de una clínica psicoterapéutica funcional.

El ejercicio psicoterapéutico es una actividad donde convergen varias disciplinas necesarias por cierto, para la comprensión de un proceso de resignificación que permita el surgimiento de nuevos modelos culturales de vida, micro y macro culturales.

Disciplinas como la antropología, la sociología, la pedagogía, la psicología, la historia, la geopolítica, la fisiología humana, la filosofía, entre otras, se requieren para forjar una especialidad única que tiene como objeto primario que el usuario haga autoconocimiento y, el desarrollo humano personal y de los pueblos, como objeto secundario.

La psicoterapia, que tiene al centro de sus recursos y estrategias a la reflexión profunda, es la responsable de clarificar el estado de cosas en la crisis de valores que vive la sociedad alrededor del mundo.

La crisis social que viven hoy las naciones en el mundo que incluye las guerras, la colonización, la corrupción, la delincuencia, la patanería, la pobreza y la inmovilidad social se refleja constantemente en la percepción de inseguridad de los ciudadanos.

Los esfuerzos gubernamentales se han tornado insuficientes para contener semejante problema, especie de monstruo de mil cabezas, que por su etiología se vuelve difícil de enfrentar, especialmente por su deficiente comprensión.

Durante años, la filosofía, las ciencias y las disciplinas sociales buscaron explicar el problema desde una perspectiva individual y causalista, dejando de lado la comprensión desde una perspectiva colectiva en términos de proceso.

Los estudios sobre la neurosis que explicaban las diversas patologías del ánimo y el afecto se muestran ahora obsoletos, sin posibilidad de ofrecer posibles entendimientos y soluciones.

La necesidad de generar nuevas perspectivas que permitan ahondar en la complejidad de este fenómeno, invita a convocar a un estudio multidisciplinario en las ciencias y las disciplinas humanas.

 

lunes, 19 de enero de 2026

EL SUJETO DE LA GLOBALIDAD

El sujeto de nuestra época fue educado para vivir un ensayo individualista, en eterna competencia, en la satisfacción impostergable e inmediata, de corto plazo, convirtiendo su alrededor en un proveedor de la utilería necesaria -otro sujeto, animal, vegetal, mineral, etc.- para cumplir su gran plan que le dará el placer etéreo del reconocimiento de ser y pertenecer, hasta convertirse en un parásito de la globalidad que lo abrazará justo cuando se ha olvidado de sí mismo.

Su intolerancia al derecho del otro y su permanente exigencia de obtener el máximo producto con el menor esfuerzo tensa los espacios donde se desenvuelve, todo ello sin el menor recato y tan siquiera una pequeña muestra de pudor que lo detenga, cuando sin filtros decide hacerse de esto o aquello, haciendo gala de su poder sobre el otro al que obliga al vasallaje.

Sujetos de estos pagan su membresía todos los días al grupo de los resentidos, incapaces del olvido, dando paso a sus constantes actitudes de venganza que abren nuevos ciclos de violencia en las nacientes generaciones, con sus propias características reactivas, que servirán para detener el progreso desde el mismo agresso.

Creer que todo está bien y que el mundo tendrá la capacidad homeostática de digerir su presencia con todo lo que ello implica, lo acerca a una especie de psicosis sea por descentración, por exaltación o por puerilidad, en una especie de ingenua inconsciencia, porque no es capaz de leer señales, de convertirlas en indicadores y luego en signos, diagnosticar una situación dada y asumir las respuestas responsables, dimensionando los posibles daños para luego limitarlos de inmediato.

Pensar que en la relación con los demás tienen más derechos que obligaciones los hace verdaderamente patanes; ellas y ellos, adultos infantilizados, siguen exigiendo a su mundo todo aquello que no aportan, manteniéndose lejos de la armonía, el respeto, la empatía y la reciprocidad. 


martes, 13 de enero de 2026

LA NUEVA PSICOTERAPIA



El ejercicio de la psicoterapia enfrenta en el siglo XXI retos inusitados que demandan la mayor preparación posible, urgiendo al psicólogo psicoterapeuta interventor a poner en juego, todo su conocimiento para llevar a su usuario a la reflexión de sí mismo en busca del entendimiento de sí. Está obligado a mantener un enriquecido horizonte multidisciplinario ya que este mismo, definirá los alcances del autoconocimiento del usuario en reflexión.

La academia y el entrenamiento que el psicoterapéuta asuma estará dedicado a mantener a salvaguarda el proceso de la reflexión, que permita la exploración de los elementos subjetivos del usuario para que se dé cuenta de sí y se haga responsable de los roles culturales que desempeña en su vida.

La vorágine cultural que vive un individuo el día de hoy, sufriendo las agotadoras influencias globales lo ha llevado a la pérdida de su identidad, tensionado su esquema de necesidades, olvidándose de sí mismo en aras de la aceptación y la pertenencia etéreas.

El psicoterapéuta que antaño le ajustaba su licencia en psicología para acompañar y escuchar a su usuario es ahora prácticamente obsoleta de frente a la complejidad de las situaciones de vida que este último presenta para sus indagaciones personales.

El psicólogo clínico en ámbito psicoterapéutico que en la academia llevó una planeación curricular cargada de asignaturas positivistas obsoletas, se ve rebasado ante las demandas de un paciente que le exige comprensión para encontrar el objeto o sentido a lo que hace con su vida. Las crisis ya no son comportamentales, ahora son verdaderos aprietos existenciales.

Allá en la vida real la neurosis cotidiana evolucionó a una psicosis con detonadores realmente sensibles: la sociedad ahora se ha vuelto reactiva, ocurrente, fantasiosa, mentirosa y desleal, sin posibilidad de forjar un momento de autocrítica que le permita por lo menos, dimensionar los daños individuales y sociales.