La psicología y la
antropología actual tienen que fijar una postura frente al estado de cosas que
impera en la sociedad, donde sus individuos viven en una constante angustia y
crispación en la relación con los demás. Este sujeto entre otros, que se dice
víctima de las circunstancias, sufre genuinamente su narrativa, sin ser capaz
de poder abrir un espacio de autocrítica que le permita observar la naturaleza
de su participación e injerencia.
La calle se
ha convertido en un enorme crisol donde miles de transeúntes que van en
diferentes direcciones, dejan ver aquella frase que los niños repetían en sus
juegos vespertinos allá en las callejuelas de alguna colonia, “voy derecho y no
me quito” que incluía el posicionamiento corporal de empujar al otro, como un
esbozo de una crisis de algo que se tenía que resolver: ceder o contragolpear.
Esta
dicotomía reactiva definirá el curso de los acontecimientos, ya que a lo uno o
a lo otro le seguirá una serie de elaboraciones mentales características
particulares de cada sujeto, que lo exhibirán sin más en sus siguientes
vicisitudes, en esta secuencia de alternos opuestos a los que está acostumbrado
en su vida cultural, modos de vida.
Los diversos
roles alternos de todos los días muestran la homogeneidad en la continua
tensión social. Esto se presenta en la dualidad peatón/conductor donde el
primero exige la cordura y decencia que como segundo no ofrecerá. Así, se
podría mostrar un sin fin de pares culturales que a diario tensionan las
relaciones cotidianas.
Las
elaboraciones mentales características despertarán las fantasías de nuevos
encuentros donde seguramente actuará de otra manera, para dar paso a una obsesión
que muestra probablemente a un sujeto que no sabe que es un resentido social, a
veces sumiso, a veces agresor.
La capacidad
de “darse cuenta” que se aprende en la infancia y la niñez, habría de despejar
una diversidad de incógnitas sociales personales de participación en momentos
de relación interpersonal, ya que permitiría entre otros beneficios, la
dimensión y limitación del daño social. Sin embargo, estamos muy lejos como
sociedad de esta “conciencia de sí” y por lo tanto en una avalancha de eventos
desastrosos culturales que se repiten todos los días sin posibilidad alguna de
parar.
La
psicología, la antropología, la sociología y aún la propia filosofía
continental exploraron a través del siglo XX la formación de la trama moral que
enmarca la vida de cada habitante en la sociedad. Para continuar con esta labor
se tendrán que forjar nuevas perspectivas de estudio, tal vez
transdisciplinarias, que permitan generar visiones novedosas ya que las
actuales parecen ser obsoletas, limitando la comprensión en principio y luego, restringiendo
la intervención mediante el diseño y aplicación de modelos de atención social.
La vieja difusión
de mensajes en la televisión, la radio y la prensa mostrando las graves
consecuencias, que no logra conmover el paquete axiológicos comunitario, se
reactivó con este gobierno federal, dejando de lado precisamente al diseño y aplicación
de modelos de intervención social comunitaria, que promovían la reflexión y que
alcanzaron su máxima expresión y utilidad en la última década del siglo pasado
y la primera década de este siglo, implementada por sociólogos y filósofos en
instituciones como CONAFE y el SISTEMA DIF NACIONAL. El método de investigación
cualitativa “Investigación acción participativa” llegó a comunidades distantes
para incidir en los temas de las adicciones, el embarazo temprano y el trabajo infantil.
Pero esto es
solamente una muestra de cómo el Estado y la sociedad frente a la crisis
nacional de valores, se han quedado pasmados intentando enfrentar una situación
de enormes dimensiones con panfletos, cuando esto requiere entonces de un
frente amplio de promoción y ejercicio de la reflexión.
El positivismo
y el neopositivismo de nuestras grandes universidades públicas impide los diagnósticos sociales pertinentes y
por supuesto la consecuente aplicación de las estrategias adecuadas.
La visión hermenéutica
que destaca el valor de la persona humana que solo es enseñada en algunas
instituciones de educación superior en Mexico, no ha logrado insertarse en un
movimiento que las aglutine para mostrar nuevas perspectivas para comprender esta
enorme crisis.
Mucho queda
por hacer para transitar científica y disciplinariamente hacia nuevas
perspectivas de comprensión de los problemas sociales y culturales en nuestro país.