jueves, 17 de abril de 2025

OTRAS PERSPECTIVAS DE COMPRENSIÓN DE LA CRISIS SOCIAL

 

La psicología y la antropología actual tienen que fijar una postura frente al estado de cosas que impera en la sociedad, donde sus individuos viven en una constante angustia y crispación en la relación con los demás. Este sujeto entre otros, que se dice víctima de las circunstancias, sufre genuinamente su narrativa, sin ser capaz de poder abrir un espacio de autocrítica que le permita observar la naturaleza de su participación e injerencia.

         La calle se ha convertido en un enorme crisol donde miles de transeúntes que van en diferentes direcciones, dejan ver aquella frase que los niños repetían en sus juegos vespertinos allá en las callejuelas de alguna colonia, “voy derecho y no me quito” que incluía el posicionamiento corporal de empujar al otro, como un esbozo de una crisis de algo que se tenía que resolver: ceder o contragolpear.

         Esta dicotomía reactiva definirá el curso de los acontecimientos, ya que a lo uno o a lo otro le seguirá una serie de elaboraciones mentales características particulares de cada sujeto, que lo exhibirán sin más en sus siguientes vicisitudes, en esta secuencia de alternos opuestos a los que está acostumbrado en su vida cultural, modos de vida.

         Los diversos roles alternos de todos los días muestran la homogeneidad en la continua tensión social. Esto se presenta en la dualidad peatón/conductor donde el primero exige la cordura y decencia que como segundo no ofrecerá. Así, se podría mostrar un sin fin de pares culturales que a diario tensionan las relaciones cotidianas.

         Las elaboraciones mentales características despertarán las fantasías de nuevos encuentros donde seguramente actuará de otra manera, para dar paso a una obsesión que muestra probablemente a un sujeto que no sabe que es un resentido social, a veces sumiso, a veces agresor.

         La capacidad de “darse cuenta” que se aprende en la infancia y la niñez, habría de despejar una diversidad de incógnitas sociales personales de participación en momentos de relación interpersonal, ya que permitiría entre otros beneficios, la dimensión y limitación del daño social. Sin embargo, estamos muy lejos como sociedad de esta “conciencia de sí” y por lo tanto en una avalancha de eventos desastrosos culturales que se repiten todos los días sin posibilidad alguna de parar.

         La psicología, la antropología, la sociología y aún la propia filosofía continental exploraron a través del siglo XX la formación de la trama moral que enmarca la vida de cada habitante en la sociedad. Para continuar con esta labor se tendrán que forjar nuevas perspectivas de estudio, tal vez transdisciplinarias, que permitan generar visiones novedosas ya que las actuales parecen ser obsoletas, limitando la comprensión en principio y luego, restringiendo la intervención mediante el diseño y aplicación de modelos de atención social.

         La vieja difusión de mensajes en la televisión, la radio y la prensa mostrando las graves consecuencias, que no logra conmover el paquete axiológicos comunitario, se reactivó con este gobierno federal, dejando de lado precisamente al diseño y aplicación de modelos de intervención social comunitaria, que promovían la reflexión y que alcanzaron su máxima expresión y utilidad en la última década del siglo pasado y la primera década de este siglo, implementada por sociólogos y filósofos en instituciones como CONAFE y el SISTEMA DIF NACIONAL. El método de investigación cualitativa “Investigación acción participativa” llegó a comunidades distantes para incidir en los temas de las adicciones, el embarazo temprano y el trabajo infantil.

         Pero esto es solamente una muestra de cómo el Estado y la sociedad frente a la crisis nacional de valores, se han quedado pasmados intentando enfrentar una situación de enormes dimensiones con panfletos, cuando esto requiere entonces de un frente amplio de promoción y ejercicio de la reflexión.

         El positivismo y el neopositivismo de nuestras grandes universidades públicas  impide los diagnósticos sociales pertinentes y por supuesto la consecuente aplicación de las estrategias adecuadas.

         La visión hermenéutica que destaca el valor de la persona humana que solo es enseñada en algunas instituciones de educación superior en Mexico, no ha logrado insertarse en un movimiento que las aglutine para mostrar nuevas perspectivas para comprender esta enorme crisis.

         Mucho queda por hacer para transitar científica y disciplinariamente hacia nuevas perspectivas de comprensión de los problemas sociales y culturales en nuestro país.